DILE A LA MUERTE

DILE A LA MUERTE

Cuando la luna asomaba

por lo alto de aquel cerro,

las entrañas le rugían

las manitas sobre el pecho.

Porque la horita llegó

sin piedad y sin remedio,

y el gran amor de su alma

de a poco se iba muriendo.

Dime ahora cómo hallo

pa mi corazón consuelo;

yo quiero irme a su vera

que a poco lo estoy sintiendo.

Dile a la muerte que venga;

que se lleve mis tormentos,

que ya ná a mí me queda

que me sirva de contento.

Mare, qué pena

vivir sin su cariño

qué gran condena.

E.M.

 

  • septiembre 24, 2015 - 2:14 am

    Gerardo Matamoros - Que belleza de poema!!, no sabía que escribe, un beso muy grande guapa!!!RespondeCancela

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